En la Escuela Carlos Amarante, en Braga, alumnos y profesores construyeron una charca pedagógica con el objetivo de promover la biodiversidad, las interacciones ecológicas entre especies y la preservación de las zonas húmedas, ecosistemas esenciales y sensibles a nivel mundial. La iniciativa involucró a unos 30 alumnos y 3 profesores, con la orientación del Centro Ciência Viva de Braga y el apoyo del Ayuntamiento de Braga, integrándose en el plan de acción del Club de Ciencia Viva de la escuela.
La charca pedagógica permite a los estudiantes aprender directamente sobre los ciclos de vida, la dinámica de las poblaciones y las interacciones ecológicas entre plantas y animales, desarrollando competencias como la creatividad, la cooperación y la resolución de problemas. Además de su valor educativo, este tipo de ecosistema urbano funciona como un auténtico “hotspot” de biodiversidad, sirviendo de refugio y hábitat para diversas especies, incluidas algunas amenazadas, y proporcionando servicios ecosistémicos como la regulación del clima, la mitigación de islas de calor urbanas, la purificación del agua y la retención de carbono.
La construcción de la charca también busca sensibilizar sobre la planificación urbana basada en criterios ecológicos y promover buenas prácticas de desarrollo sostenible en las ciudades, integrando educación ambiental y conservación de la naturaleza. La experiencia permite además que los alumnos se involucren en trabajos experimentales y de campo, fomentando el aprendizaje de las ciencias mediante un enfoque interdisciplinar que combina ciencia, tecnología y sociedad.