Los jardines son espacios verdes versátiles que aportan numerosos beneficios medioambientales, sociales y para la salud. Se pueden clasificar en jardines públicos, de acceso colectivo y mantenimiento público; privados, pertenecientes a viviendas o instituciones; verticales, que aprovechan paredes y fachadas para instalar vegetación en espacios reducidos; y comunitarios, que funcionan como espacios de convivencia y producción compartida. Además de hacer que el entorno resulte más atractivo, esta SBN contribuye a mejorar la calidad del aire y el microclima, mitigando el efecto isla de calor y reduciendo la contaminación atmosférica. Los jardines terapéuticos, por ejemplo, están diseñados específicamente para promover el bienestar físico y mental, integrando áreas sensoriales que favorecen la recuperación y la salud de sus usuarios, y son cada vez más comunes en instituciones sanitarias. Por su parte, los jardines comunitarios funcionan como zonas de encuentro y cooperación, donde la participación promueve el desarrollo social, la inclusión y la alfabetización ambiental. Su gestión integrada permite combinar funciones productivas, recreativas y educativas, garantizando la sostenibilidad del espacio y el fortalecimiento de los lazos sociales. En contextos naturales y rurales, los jardines pueden funcionar como áreas de conservación de la biodiversidad, facilitando el funcionamiento de los ecosistemas locales.