Los huertos consisten en el aprovechamiento de los más diversos espacios para la producción local de alimentos, lo que contribuye a la seguridad alimentaria y al fortalecimiento de la cohesión social. Pueden implantarse en entornos urbanos, rurales y naturales, transformando terrenos infrautilizados —ya sean solares baldíos, zonas entre edificios, patios, jardines o espacios públicos en desuso— en zonas productivas y multifuncionales. Existen varios tipos de huertos: los comunitarios, que promueven la participación social y la inclusión, y que también funcionan como espacios educativos y de ocio, donde grupos como escuelas, personas mayores y asociaciones locales se reúnen para cultivar y aprender prácticas sostenibles; las privadas, que pueden ser mantenidas por personas o familias, generalmente en espacios interiores o exteriores de propiedades privadas; las interiores, ubicadas en patios o jardines, que aprovechan espacios reducidos para la producción de alimentos. Esta SBN desempeña un papel significativo en la mejora del microclima local, ya que contribuye a la regulación de la temperatura, a la retención del agua de lluvia y al aumento de la biodiversidad, al atraer a polinizadores y otros organismos beneficiosos. Además, al reducir la dependencia de productos agrícolas transportados a largas distancias, disminuyen la huella de carbono asociada a la cadena alimentaria, promoviendo la sostenibilidad en la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Esta SBN también resulta útil para la sensibilización medioambiental, la promoción de la alfabetización ecológica y la adopción de hábitos alimentarios saludables. Su implementación debe estar respaldada por políticas que faciliten el acceso a terrenos, proporcionen infraestructuras, como sistemas de riego y compostaje, y promuevan programas de capacitación comunitaria.