La agricultura de conservación se centra en la protección y la mejora del suelo, y se distingue de otros sistemas de agricultura sostenible por su énfasis en prácticas mínimas de labranza y el mantenimiento de una cubierta vegetal permanente. Abarca técnicas como la siembra directa («No-Till»), los cultivos de cobertura y el mantenimiento de los residuos vegetales. A diferencia de la agrosilvicultura o de los sistemas mixtos, esta SBN no depende de la integración de árboles o animales, sino de una gestión cuidadosa del suelo y de la biomasa residual. En la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal, esta práctica es vital para aumentar la resiliencia de las explotaciones agrícolas frente al cambio climático. Su implementación requiere formación técnica, el uso de equipos específicos y, siempre que sea posible, tracción ligera o animal, lo que refuerza la sostenibilidad y la protección estructural del suelo.